La viejita de verde: arrugas, soberanía y el qué dirán

db60f8319a83fcb964b469058eef514aSi todo sigue de acuerdo con mi plan, en dos años y tres meses tendré 40 años. La foto que acompaña este artículo me recordó que hay personas que con la edad tienden a soltar el yugo del qué dirán y se permiten simplemente ser.

Es uno de los rasgos que más admiro en la gente. Uno que llevo toda esta década trabajándolo en mí.

No es fácil este asunto.

Es mucho más sencillo seguirle la corriente a todo el mundo, que abrir el corazón y analizar si la forma cómo vivo está en coherencia con quién soy realmente o sólo estoy siguiendo el colectivo.

El colectivo, por supuesto, no se refiere nada más a la mayoría de la sociedad.

También son los grupos o personas con las que una más se identifica: familia, parejas, colegas, hijos, jefes, amistades, maestros, gente que admiramos de verdad y con los que resulta más fácil aún disolverse si una no está prestando atención.

Cultivando la Soberanía

Soberana o soberano no es sólo un premio de Acroarte.

No es nada más la condición de los gobiernos del mundo… o lo que dicen ellos ser.

Es una cualidad espiritual con la que todos y todas nacemos. Se refiere a que tú eres tu propia autoridad, suprema e independiente.

Cuando eres completamente soberana… te importa un carajo lo que piensen o digan de ti los demás. Y eso, amiga mía, es la libertad absoluta.

¿Pero cómo se logra eso?

Lo primero es que todo es cuestión de práctica y quitarse de la cabeza que vas a llegar a una meta algún día en la que te premiarán por ser la más soberana y valiente guerrera. En estos asuntos lo importante es el camino, no la recompensa.

Por supuesto, a mi mente le fascina la visión de la conquista de una meta, con todo y confeti, fuegos artificiales, botellas de champagne descorchadas al unísono, miles de gente gritando mi nombre y la más espléndida banda sonora, mientras yo humildemente acepto el premio por una batalla personal bien librada.

Pero, con el dolor de mi alma, hay que abrir los ojos y volver a este mundo.

Esto es lo que considero,

Ser soberana en la cotidianidad se hace posible porque sabes, o estás en proceso de saber, algunas cosas:

      • quién eres (la reina de tu castillo),
      • para qué estás aquí (tu trabajo y misión de vida),
      • a quién y qué sirves (tu tribu y tu mensaje).

Puede que también ya estés en proceso de descubrir:

        • dónde viven estos tesoros en tu alma y las herramientas para excavarlas con las que resuenas (nótese la itálica y el subrayado, es lo que a ti te haga vibrar ya sea sentarte a meditar cada día, bailar en pelotas, escribir en las paredes, comer coco en la esquina, mantralizar en sánscrito, hacer reiki, escribir cada día, todas las anteriores... ya me entiendes),
        • cómo se pulen y se entrenan estos tesoros,
        • cómo cultivar la valentía necesaria para hacer lo que viniste a hacer aquí y no seguir desperdiciando tu corazón en el miedo.

No es tan aéreo como piensas. Lo que vinimos a hacer aquí pueden ser muchas cosas y van variando, pero ser honestas con una misma en cada momento es el quid del asunto.

Puede ser que en esta etapa lo que te pide tu alma es que te concentres en criar a tus hijos, que retomes la pintura, que escribas ese libro, que toques el piano, que vuelvas a tu pueblo, que dejes esa relación, que salgas del closet, que le digas que lo amas, que sueltes a tus hijos y te ocupes de ti, que aprendas a nadar, que vuelvas a estudiar.

Honra lo que es verdad para ti en estos momentos. Levanta la mano y di “presente” a tu vida.

 

Desde mis profundidades una yo-arrugada, de pajón canoso pintado de arcoíris, botas rojas y ropa estrafalaria levantó la mano y le devolvió la sonrisa a la Dama de Verde que hoy nos acompaña en la foto.

De una brujita chula a otra. Ella siempre está muerta de la risa en mi corazón sin importarle en lo más mínimo lo que pueda alguien pensar de ella. Ha vivido demasiado ya para esas pendejadas. Ha hecho suyo el trabajo de hacerme cosquillas y abrirme el corazón cada vez que me estoy tomando las cosas muy en serio o andando en automático.

Trabajo fuerte que le ha tocado a la pobre.

Parece que lo único que ella busca es bailar su propia música embarrada de arrugas y colores. Justo aquí, en el mismo centro de su reino.

 

 

Cuéntame, ¿de qué manera ejerces tu soberanía en la vida familiar, laboral o creativa? Honestamente, ¿te afecta mucho lo que puedan pensar de ti? Compártelo en los comentarios. Aprovechemos la sabiduría colectiva.

Abrazos,

Carolina

 

 

 

 

 

P.D. Por cierto, el nombre de la señora de verde es Elizabeth Sweetheart, diseñadora de telas. Alguien le preguntó que por qué el verde. Dijo que en el pueblo donde ella se crió estaba rodeada del verdor de la naturaleza y que empezó pintándose las uñas de verde para recordar su pueblo en medio del cemento de Nueva York. Antes de que se diera cuenta el verde ya se le había esparcido por todo el cuerpo.