Carta de Amor

Ella por Carolina Luciano, 2015
Si escribo lo que mi alma piensa
ella se hará visible
y las palabras serán su cuerpo.
— Helen Keller

Hola amores,

Cada verano mi pequeña familia y yo nos retiramos en verano a un intensivo de playa, arena y sol. Un período de Caribe de verdad, como dice mi esposo, que si no sale del desastre caliente y húmedo que es Santo Domingo aunque sea un mes al año le da un síncope.

En este campamento de verano familiar todo se vale. Cada quien se acuesta y se levanta cuando quiera. Comemos cuando hay hambre. Dormimos cuando hay sueño. Un día a la semana veo a algunos pacientes en la capital, hago par de diligencias y vuelvo lo más rápido posible al lugar donde  dos baños de mar al día parece ser la única regla.

Esta pausa anual se ha convertido en algo vital para la salud de nuestro ecosistema familiar y particularmente de mi hábitat interno, pero les confieso que a veces me cuesta horrores desconectarme de mi vida capitaleña. 

En años anteriores me pasaba la primera semana en una estornudadera y picazón constante, al parecer haciendo reacción alérgica al exceso de aire puro,  cielo abierto y salitre en la piel.  Esta vez entré en la onda vacaciones más rápido: nada más hicimos llegar y sedañó el cable, el internet, el cargador del celular y hasta mi reproductor de música. 

Hacer la transición del ritmo de ciudad al ritmo de las mareas da más trabajo de lo que una pensaría cuando una lo que quiere es soltar la capital y coger carretera.  Pero se llega. 

Noto que mientras más pasan las semanas, más me encariño con esta versión descalza y despeinada mía que entra al mar corriendo y se tira de cabeza sin pensárselo dos veces, que se pierde por horas explorando erizos, algas y cangrejos y que al cansarse 

se queda quieta
sumergida hasta el pecho
mirando el mar a la cara.

Esta yo no es maestra, ni terapeuta, ni artista. A veces es madre y pareja pero no demasiado. La falta de rutina la libera de los roles asumidos y pude ser solo Ella, una nativa de este paisaje que no aguanta maquillaje ni máscaras de ningún tipo, que viste su piel cuarteada por la sal y el sol, queama con intensidad. 

Ella piensa en ustedes cuando habla con las olas. Por eso quiso abrir este aparato y escribirles.

No las conozco a todas personalmente pero les doy la bienvenida.  Están aquí por algo y ese algo me llama a mí también .

El agua salada se la pasa hablándome de libertad. 

Libertad de ser como somos en realidad, sin nada que arreglar, pulir, doblar o adaptar para encajar en una sociedad que no sabe reconocer -y mucho menos honrar- la pureza de nuestras almas. 

Libertad para conocer esa criatura que somos en las cavernas más profundas de nuestro ser
a la que intuimos
a la que quizás nunca hemos visto a los ojos.  
Una criatura que vive en sincronía con su ambiente, que baila a su propio ritmo, que fluye con sus ciclos naturales. 
Que es hábil, ingeniosa y no se cree los cuentos azucarados que quieren venderle con promesas de cambiarla para hacerla más bonita, más fit, más exitosa, más intelectual, menos arrugada, menos intensa, menos gruñona, mejor madre, mejor amante, más espiritual, más servicial, más arregladita. 

más más más más menos menos menos.
más otra cosa. menos Ella.

Si nos llevamos de una cultura como esa al Alma no le queda de otra que sobrevivir como pueda, alimentándose de lo que encuentre. 
Languidece. 
Si no la sacamos de ahí y le dejamos andar por el mundo como Ella quiere
se nos muere. 
Si no la dejamos entregar sus regalos como ofrendas a los demás y a nosotras mismas esos regalos se pudren. 
Se enferman. 
Se deprimen. 
Se encolerizan y toman de más y comen de más y nos amargan la existencia y de paso se la amargamos a los demás.

Ella, nuestra esencia más pura, la chispa divina hecha carne, lo que más quiere es ser encontrada, no hay que mudarse a un ashram del otro lado del mundo para sentirla y vivirla. Su aroma está impregnado en todas las areas de nuestras vidas, en nuestros anhelos, nuestros sueños, nuestros gustos y disgustos, en las cosas que nos hacen sentir vivas. 

Llevo bastante tiempo resistiéndome a escribirles este tipo de cosas porque estoy llena de dilemas espirituales saturados de devoción, contradicciones bañadas de pasión y una forma de vivir mi espiritualidad que no es muy convencional. 

No les había escrito porque me abundan más preguntas que respuestas. 

Porque estos arrebatos de amor y necesidad de expresión no siempre llevan el nombre de reiki o cursos o collages o cualquier otro rol con el que me puedan identificar.

Porque Ella solo quiere ser honesta y plantear por escrito lo mágico y desafiante que pude ser vivir con integrad y sin aplastar lo que somos.

Porque este anhelo no sé con qué se come y aún así se que debo honrarlo.

Me decido a hacerlo porque conozco el poder sanador de leer la vida interior de otra persona y descubrir que no estamos solas, que nuestros dilemas personales son universales.

Porque confío aunque a veces lo olvido en que decir la verdad sobre nuestras vidas es la mejor contribución que podemos hacer.

Quizás tu Alma tiene la misma hambre que la mía. Hambre de transparencia, de alimentarse con verdad, de ingerir las historias de mujeres y hombres reales, sin motivos escondidos, sin que sienta el sutil pero inconfundible olor de la manipulación. 

Deseo historias de Alma. 

De cuerpo. 

De gente que ame y tema y sirva y sea vegan y coman churrasco y hablen con dios diciéndole DiosaMadre   Amiga   Amado   Árbol o lo que se les ocurra en el momento. 

Quiero saber de gente cuyas oraciones sean sus actos, que sus mantras sean los Te Amo susurrados al abrazar a sus hijos aunque dos horas después esos mismos hijos les saquen de sus casillas y quieran mudarse a un monte. 

Gente que sepa hablar el lenguaje de los árboles, que amen los rituales y que a veces los encuentren tontos. Gente para las que crear sea una necesidad fisiológica y amar imperfectamente sea todo un arte.

La verdad es que siento que nos bombardean con chatarra espiritual, que nos quieren inculcar una espiritualidad desencarnada que lo único que aspira es a evolucionar para poder irse muy lejos a alguna nube lejana y esponjosa donde los problemas mundanos no lleguen. 

Eso no me cuadra. Quiero opciones para vivir mi amor por la Vida dentro de mi cuerpo, en medio de los líos y el dolor y los tapones y las hormonas de remate y los problemas propios y ajenos que por más que quiera trascender me afectan.

Quiero aprender a bajar. A encontrar a Ella *en* mi cuerpo. Así como está, con sus carnes abundantes, sus rodillas achacosas, sus canas, su sonrisa y sus milagros.  

Quiero tantas cosas.
No siempre las encuentro. 

Por eso hoy inicio estas cartas. Entiendo que lo que Ella me anda insistiendo es que me toca a mí entregar lo que más necesito recibir. 

Crear el arte que quiero contemplar. Escribir las palabras que quisiera leer… 
así, en mi Lengua Materna
hacerlo lo mejor que pueda, con lo que tengo, en donde estoy. 

¿A qué más puede una aspirar?

sobre todas las cosas quiero
darle voz a esta criatura mía a la que llamo Ella
un alma ciguapa
viviendo en cuerpo de hembra
y enamorada de Dios.

Si se quieren quedar para el paseo
mi corazón libre y salvaje les abraza,